Friday, September 08, 2006

La historia de mi soundtrack... (Parte 1)

Desde el comienzo de mi vida... una canción. Quizás esto es comenzar desde muy atrás, pero me entenderán.
Vengo de una familia muy musical. Algo así como la familia Von Trapp de la novicia rebelde, pero en version chilensis. Se canta en misa, lavando platos o para hacer que un niño no llore. No importa, nosotros cantamos para todo. No hay cumpleaños de mi mamá donde no se cante. Eso sí, en mi familia nadie baila, por lo que nunca pudimos ser completamente una familia hollywoodense. Y nací al principio de la década de los ochenta. Buena música se oía en las radios, pero a mí me cantaban cosas ya medio añejas. Cada noche me hacían dormir con "Los viejos estandartes" de los Cuatro Cuartos. Al ritmo de marcha mi mamá golpeaba mi pierna suavemente haciéndome domir, y cantando. Quizás desde ese entonces le tomé el cariño a ese grupo de "la nueva canción chilena" que para estos días sería como "la vieja nueva canción chilena". Pocos años más tarde me regalarían mi primer cassette: "Clásicos Nescafé de Los Cuatro Cuartos". Una maravilla. Hasta el día de hoy lo escuho (ya en CD, porque aquel cassette pasó a mejor vida...).
Y desde ese entonces yo ya me debatía entre decisiones musicales. Escuchaba Mazapán, Cepillín y como muy familia a la antigua, bailaba rondas con mis hermanas y jugaba al lobo feroz. El tocadiscos de 33 RPM (que destruí más de alguna vez con mis autitos) tocaba sin cesar los fines de semana y desde muy temprano el "voy a dar la vuelta al mundo montado en un burrito" o "el grillito serafín que todas las noches tocaba el violín". Lo más probable es que los niños de mi edad no escucharan esas canciones porque tengo hermanos mayores. Quizás todo el resto nació con Mazapán y uno que otro grupo infatil. Lo que es yo, escuchaba unos vinilos del Pájaro Loco, de Mickey Mouse y sus amigos y todo lo Disney que te pudieras imaginar. Hay canciones que aún recuerdo con la "repetición" del rayado del disco. En los veranos en Bahía Inglesa cantaba "Filo Contigo" de Miguelo y causaba sensación con mi baile. Excelentes recuerdos.

Así pasé mi infancia cantando. Agregué a mi colección la música de los "Pitufos" y libros de Disney que te los contaban en cassette. Era pura inocencia y no me avergüenzo de nada de lo que escuché, porque siento que fui un niño demasiado feliz. Agradezco a mi familia entera por ese legado musical que hasta el día de hoy me tiene atrapado.

Pasó el tiempo hasta la navidad de 1991 (casi seguro de eso) cuando me regalaron mi primera guitarra (una maravilla de guitarra). Se volvió mi centro de atención desde el primer momento. O desde el segundo siendo justos. Cuando uno es niño y no te regalan el juguete de moda o la pista Tyco con autos a gran velocidad, en realidad te decepciona un regalo así. Pero los padres son muy sabios, y ese regalo me cambió la vida para siempre.
Me costó mucho aprender a tocar. Estuve 6 meses en clases en el "Centro Musical Alicia Puccio" donde era el único hombre y puras niñitas. A esa edad estar con niñas era algo malo, ridículo. Me estaba perdiendo las pichangas en la calle y estaba sentado al lado de puras niñitas, tratando de tocar guitarra. "Pulgar Mano Mano, Pulgar Mano". A ese nivel no iba a aprender nunca lo que yo quería escuchar... Y es que en ese momento también me hicieron otro regalo que me marcó la vida. Mi primo me había regalado un cassette de Bon Jovi (el "Resbaladizo con Lluvia" o "Slippery When Wet"). Un clasicazo, con temones como "Never Say Goodbye", "You Give Love a Bad Name" o "Dead or Alive". ¿Cómo no iba a poder tocar Bon Jovi? ¿Por qué tenía que aprender a tocar "Que bonita va" en vez del sólo de Ritchie Sambora en "Living on a Prayer"?. No duré mucho en esas clases.
Pasé así escuchando a la vez Mazapán y Bon Jovi, lo que en realidad era una dualidad que pronto tendría que dejar. La niñez también iba desapareciendo, la inocencia, la simpleza... pero empezaba a encontrarle el gustillo a esta nueva música.

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