La historia de mi soundtrack... (Parte 3)
Tengo mucho que contar. En realidad esto de los blogs es una revolución. Es una especie de diario de vida universal, pero donde uno se puede amparar en el anonimato. En realidad no me importa, porque me da lo mismo quien lo lea o quien no. Tengo ganas de escribir y punto, si no te gusta te vas. Es así de simple. Hay tantos recuerdos que siempre he querido escribir y no puedo, que ahora poder hacerlo es un milagro, especialmente ahora que mi memoria ha estado fallando...
¿Quieres saber que pasó esa noche, donde quedé pegado con Iron Maiden?
Bueno, me mostraron dos discos aquel día. el Iron Maiden (1980) y el Somewhere in Time (1986), y quedé alucinando. Yo tenía prohibido ver las caratulas, por "satánicas" pero, como entenderán, donde hay prohibición hay entretención, así que cada vez que podía, me infiltraba el bolso de cassettes de mi primo y las veía. No sé si tuve pesadillas esas noches, pero la emoción de verlas no me lo quita nadie.
Para ese verano, mi prima Paulina (dueña de una voz prodigiosa) había llevado al campo la última chupada del mate: una radio "doble casetera", así que después de un viaje a Lolol pude copiar los dos cassettes y llevármelos a Santiago. Fue increíble. En realidad no me acuerdo mucho más de ese verano, pero creo que ya tenía suficiente.
Pasé todo ese año escuchando Iron Maiden, además de Bon Jovi y ya no escuchaba Mazapán. En el fondo había dejado la niñez. Y aunque partí con un gran ánimo músical, se fue diluyendo poco a poco. Los cassettes quedaron botados por ahí y la música se perdió en algún lugar de mi pieza...
A fines de ese año (1993) estaba en la casa de mi primo Cristián. En una bolsa, que iba directo a la basura, encontré ¡un cassette de Iron Maiden!. Se lo pedí y me lo dió. Era nada más ni nada menos que "The Number Of The Beast", el mayor clásico de la doncella de hierro de todos los tiempos. En enero (1994) fuimos al lago Rupanco a la casa de un tío a veranear. Años antes habíamos pasado unas semanas allá y habían sido inolvidables, y estas también lo fueron. Días espectaculares, la primera cerveza que me tomé en mi vida (con mi primo Alejandro), y semanas completas pegado al número maldito. Altiro, las que más me llamaron la atención y que marcaron mi verano fueron "The Number of the Beast", "Run to the Hills" y "Children of the Damned", que sin duda son parte fundamental de mi soundtrack. Y entre que me bañaba en el lago, recorríamos lugares y jugabamos en el Club House (que manera más siutica de decirle, pero bueno, así se llamaba), a la vuelta volvía a escuchar.
Ese disco me cautivó y ya a estas alturas todos sabrán que el disco no es satánico, pero la polémica estaba y en mi casa no gustaba esto que yo escuchara Maiden.
Ese verano volvimos al campo, y ya me llevaba mejor con mis primos. Me dejaban quedarme en las noches, lo pasabamos bien, muy bien. Además, ya me podía jactar de algún conocimiento músical frente a unos primos de segundo grado que escuchaba "basura pop" para mí (Nirvana). Y aunque ese verano no fue el más feliz de mi vida por muchas razones, creo que tuvo su toque.

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