Monday, September 11, 2006

La historia de mi soundtrack... (Parte 5) Tríptico, la Luz del Mundo

Verano de 1995. Un calor horrible, un día sin demasiado que hacer. Tres primos con ganas de hacer algo, tres guitarras de palo. Después de la pichanga del día (dónde era apodado el "dinamita piernas", cosa que aún no entiendo) el día se había vuelto fome. Esa noche, Cristián tocaba guitarra, y yo trataba de imitarlo. Coté aburrido. ¿Y si componemos algo?. No me acuerdo que haya sido así, ni que nadie dijiera nada, pero nació. 3 notas en un riff constante, pegadizo y no muy virtuoso. A esas alturas aún no conocía a Yngwie Malmsteen, John Petrucci o Steve Vai, por lo que daba lo mismo. Sonaba bien, bonito, era simple, y eramos los tres capaces de tocarlo al mismo tiempo. Esa noche escribimos el primer himno de un grupo al que llamaríamos posteriomente Tríptico, porque eramos 3 primos. Y nuestra meta era escribir rock cristiano.
Nuestras primeras presentaciones fueron ante el reducido público que conformaban los familiares que veraneábamos en Lolol, y por supuesto, mi abuela, que no se perdía espectáculo familiar alguno. De ahí saltamos al estrellato, tocando ante 100 mil personas en el Castle Doningtong Festival en Inglaterra como cabezas de cartel. Mentira. Pero soñabamos con eso. En realidad nuestra única presentación fue tiempo después en la preselección de un festival escolar... y ni siquiera quedamos seleccionados.
Nuestro repertorio contaba de canciones propias y covers. Las propias nunca fueron demasiado populares (Invitación a la Oscuridad, Ku-Klux-Klan, No Mires Para Atrás) simplemente porque nunca tuvimos la posibilidad de popularizarlas. Asimismo, hacíamos covers de varios grupos. Quizás los que mejor sonaban eran Breaking The Law (Judas Priest, del album British Steel, 1980), de Iron Maiden tocábamos The Trooper y Be Quick Or Be Dead (del Piece of Mind [1983] y del Fear of the Dark [1992] respectivamente] y un par más, como I Want Out (Helloween, del disco Keeper of the Seven Keys part. II, 1988) y Wings of Tomorrow (Stratovarius, del disco Dreamspace, 1994).
Al tiempo incuiímos a Joaquín, amigo de toda la vida para que cantara, porque mi papel como vocalista era nefasto... bueno, su papel también. Y por último, como baterista, teníamos a un pendex increíblemente virtuoso que se llamaba Bernardo. Tocabamos en una sala de ensayo en las Torres de Flemming, y creo que alguna vez probamos una cerca del metro República, donde nos morimos de calor.
Además de grabar un par de ensayos, grabamos una canción (Ku-Klux-Klan) en una maratónica jornada, donde nos reímos como nunca de Joaquín (en realidad su voz no era la más... adecuada). Finalmente el grupo se separó, no por razones específicas, sino porque la vida nos fue agarrando... De vez en cuando sale la idea de juntarnos de nuevo, pero siempre se diluye en la nada... Espero que alguna vez deje de ser un proyecto y Tríptico vuelva a ser lo que siempre fue: un grupo de primos tocando y echando la talla.

Sunday, September 10, 2006

La historia de mi soundtrack... (Parte 4) La chanchi y la revolución

Corría 1994 y yo ya dominaba mejor la guitarra. Seguían siendo notas simples, pero me atrevía a aventurar algunos punteos. Ya no iba a clases pero aprendía rapidamente y creo que era bastante avanzado para mi edad. Y a mitad de año ocurrió algo que no tenía previsto: mi caballo, el Beto, había botado al amanzador y habían dictaminado que era inmontable. Lamentablemente para el Beto, y no para mí, debió ser vendido, y por supuesto, recibí la plata de la venta. ¿Qué hace alguien de 12 años con 120 mil pesos?. Luego de discutirlo con mis padres, accedieron finalmente a que me comprara una guitarra eléctrica, con el compromiso de que la ocupara y aprendiera. Empecé a vitrinear y no hubo ninguna que me convenciera. En el colegio empecé a participar de una banda creada en clases de música y teníamos una canción lista para tocar, pero yo no tenía guitarra.

Entretanto, me había comprado mi primer CD. Fue el Life After Death de Iron Maiden, disco en vivo de 1985, y que es considerado una de las mejores grabaciones en vivo del heavy. Martin Birch, el productor, definitivamente hizo un trabajo formidable. En mi casa teníamos un reproductor de CDs en el living, y me instalaba ahí a escucharlo entero, a todo volumen. Al escuchar la guitarra de Smith me animaba más a tocar, y por fin, un fin de semana, fuimos a la Yamaha de Apoquindo a comprarla. Fue una guitarra Yamaha obviamente mi elección (no había mucho más para elegir) de color negro y una delgada línea blanca, una cápsula doble y dos simples, bastante estándar, pero para mí era la más bonita de todas. La bautizé la "chanchi". Junto con ella compré mi amplificador, la "negra", una asquerosidad de 25 watts, que en realidad su distosionador incluído era bastante paupérrimo.

Después de un tiempo, lo que yo tocaba cada vez se parecía más a lo que tocaba Smith. Y nombro a Smith y no a Murray (el otro guitarrista de Maiden) porque simplemente éste no se escuchaba, ya que el equipo que teníamos lo hacía sonar en "mono". Ese año fue solo Maiden. Tenía ya 3 álbumes distintos para escuchar, y ponía oreja e imitaba lo que sonaba. Si bajaba el volumen a veces los sonidos que emitía mi guitarra eran desastrosos, pero de a poco uno aprende.
En el colegio iba todo como avión. Tocamos en el casino "Basket Case" de los Green Day (del disco Dookie, 1994), que era lo que estaba de moda, y fue todo un éxito. Había pasado de cantar en las presentaciones del colegio Itsy Bitsy Spider a tocar lo que estaba de moda, un lujo y un orgullo.

Los fines de semana, cuando de repente me juntaba con Cristián, escuchabamos Criminal, el grupo de heavy chileno del momento (Victimized, 1994) y también el Keepers of the Seven Keys de los germanos Helloween (1988) y con eso ampliaba mi limitado espectro musical.

Saturday, September 09, 2006

La historia de mi soundtrack... (Parte 3)

Tengo mucho que contar. En realidad esto de los blogs es una revolución. Es una especie de diario de vida universal, pero donde uno se puede amparar en el anonimato. En realidad no me importa, porque me da lo mismo quien lo lea o quien no. Tengo ganas de escribir y punto, si no te gusta te vas. Es así de simple. Hay tantos recuerdos que siempre he querido escribir y no puedo, que ahora poder hacerlo es un milagro, especialmente ahora que mi memoria ha estado fallando...

¿Quieres saber que pasó esa noche, donde quedé pegado con Iron Maiden?
Bueno, me mostraron dos discos aquel día. el Iron Maiden (1980) y el Somewhere in Time (1986), y quedé alucinando. Yo tenía prohibido ver las caratulas, por "satánicas" pero, como entenderán, donde hay prohibición hay entretención, así que cada vez que podía, me infiltraba el bolso de cassettes de mi primo y las veía. No sé si tuve pesadillas esas noches, pero la emoción de verlas no me lo quita nadie.
Para ese verano, mi prima Paulina (dueña de una voz prodigiosa) había llevado al campo la última chupada del mate: una radio "doble casetera", así que después de un viaje a Lolol pude copiar los dos cassettes y llevármelos a Santiago. Fue increíble. En realidad no me acuerdo mucho más de ese verano, pero creo que ya tenía suficiente.

Pasé todo ese año escuchando Iron Maiden, además de Bon Jovi y ya no escuchaba Mazapán. En el fondo había dejado la niñez. Y aunque partí con un gran ánimo músical, se fue diluyendo poco a poco. Los cassettes quedaron botados por ahí y la música se perdió en algún lugar de mi pieza...

A fines de ese año (1993) estaba en la casa de mi primo Cristián. En una bolsa, que iba directo a la basura, encontré ¡un cassette de Iron Maiden!. Se lo pedí y me lo dió. Era nada más ni nada menos que "The Number Of The Beast", el mayor clásico de la doncella de hierro de todos los tiempos. En enero (1994) fuimos al lago Rupanco a la casa de un tío a veranear. Años antes habíamos pasado unas semanas allá y habían sido inolvidables, y estas también lo fueron. Días espectaculares, la primera cerveza que me tomé en mi vida (con mi primo Alejandro), y semanas completas pegado al número maldito. Altiro, las que más me llamaron la atención y que marcaron mi verano fueron "The Number of the Beast", "Run to the Hills" y "Children of the Damned", que sin duda son parte fundamental de mi soundtrack. Y entre que me bañaba en el lago, recorríamos lugares y jugabamos en el Club House (que manera más siutica de decirle, pero bueno, así se llamaba), a la vuelta volvía a escuchar.
Ese disco me cautivó y ya a estas alturas todos sabrán que el disco no es satánico, pero la polémica estaba y en mi casa no gustaba esto que yo escuchara Maiden.
Ese verano volvimos al campo, y ya me llevaba mejor con mis primos. Me dejaban quedarme en las noches, lo pasabamos bien, muy bien. Además, ya me podía jactar de algún conocimiento músical frente a unos primos de segundo grado que escuchaba "basura pop" para mí (Nirvana). Y aunque ese verano no fue el más feliz de mi vida por muchas razones, creo que tuvo su toque.

La historia de mi soundtrack... (Parte 2)

Hoy al levantarme amanecí con ganas de escuchar Def Leppard. Mi hermano me regaló (o en realidad yo me "apropié") de un grandes éxitos que el tenía, y que la selección es fenomenal. Necesitaba escuchar "Hysteria" y la increíble balada "Two Steps Behind You" (canción que marcara mi adolecencia), y con eso partí contento la mañana. Después de repetirlas dos veces en la mañana me fui a duchar, y creo que las volveré a escuchar antes de irme a dormir. La conciencia colectiva cree que son pop... y en parte lo son, pero fueron parte fundamental de la NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal) y que luego de los avatares de la vida terminarían siendo un grupo de las grandes masas. La balada que antes mencionaba quizás no le evoque sentimientos a todo el mundo, pero la música, para mí, es algo situacional, no basta con escucharla, sino que hay que relacionarla con algo aunque no sea trascendente, para que esta se haga importante.

Bueno, iba en que dejé las clases de guitarra y seguí tocando solo. No gran cosa, simplemente los acordes que había aprendido y alguna que otra canción de moda (como "Mil Pedazos" de Christina y los Subterráneos). Y aquí mi historia se pone un poco más intrincada.
Yo no me llevaba bien con mis primos. No tenía primos de mi edad y el que estaba más cerca era un primo 2 años (casi 3) mayor que yo. Y la diferencia se notaba. Además yo era un hincha*/%&!@ y bastante odioso, por lo que definitivamente mi relación con ellos no era la mejor. Así y todo, quería ser como ellos, hacer lo que ellos hacían y escuchar lo que ellos escuchaban. Pero estaba prohibido. Estando en nuestro campo en Colchagua, un primo bastante mayor y que siempre fue muy bueno conmigo, me dejaba escuchar a Barón Rojo (y el único cassette que tenía de ellos, que era el "En Un Lugar de La Marcha") y yo alucinaba. Quizás no por lo bueno del disco (que en todo caso es excelente) sino porque me sentía grande. Ese cassette, que era quizás lo más roñoso que he visto en mi vida, tenía ese disco completo, más una canción de GIT ("Acaba de Nacer, del disco GIT, 1984), y un temazo de Obús ("Te visitará la Muerte", del disco Pega con Fuerza, 1985). No se escuchaba bien y tenía una calcomanía medio suelta pegada. Años después vendría a recuperar ese cassette antes de que se fuera a la basura, y creo que todavía lo tengo guardado por ahí.

Para mí era toda una proeza. Me sentía medio malo, por escuchar música prohibida, pero el campo donde veranéabamos era tan grande, que en realidad nadie se iba a enterar. Mis primo Coté escuchaba a Tracy Chapman, Engrupo (y su balada "Remolino" (del disco Buscando Petróleo, 1987), que no dejaron de cantar todo ese verano") y por ahí recién empezaba a conocer a Metallica. Además, a esas alturas, ya era un perito en Iron Maiden, y tenía en su colección cosas de Scorpions, Judas Priest y de Stryper, entre otros tantos. Cristián, por su parte, ya escuchaba Metallica y Sepultura, toda una revolución "satánica" a los ojos de los más viejos. Pero eran todos cabros sanos, además eran otros tiempos... La mayor maldad que hacíamos era fumar a escondidas y quizás tomarnos una cerveza...
Pero bueno, yo seguía proscrito. No había forma de que pudiera juntarme con ellos y quedarme hasta tarde echando la talla. En esa época no había luz eléctrica en el campo y tenías un generador que daba luz de 9 a 12 de la noche, así que se aprovechaba ese rato para comer, se escuchaba música y se conversaba, mientras los chicos nos íbamos a dormir. Como siempre fui medio nocturno, escuchaba como llegaban de madrugada muertos de la risa, ya sin luz, y recordando alguna que otra historia de terror contada en la noche. ¡Me daba una envidia!

Hasta que un día, un muy buen día, le pedí a Coté escuchar algo de Iron Maiden. Y provocó mi fascinación. Yo estaba convencido de que el vocalista era mujer (claro, después al escuchar RUSH y la voz de Geddy Lee, en realidad la voz de Dickinson era de lo más varonil), pero esas guitarras y esa fuerza no la había encontrado en nada que había escuchado hasta ese momento. De ahí en adelante ocurrieron dos cosas: primero, empecé a tener más relación con mis primos, y segundo, entré realmente al mundo de la música. Ahí empezó mi fanatismo.

Friday, September 08, 2006

La historia de mi soundtrack... (Parte 1)

Desde el comienzo de mi vida... una canción. Quizás esto es comenzar desde muy atrás, pero me entenderán.
Vengo de una familia muy musical. Algo así como la familia Von Trapp de la novicia rebelde, pero en version chilensis. Se canta en misa, lavando platos o para hacer que un niño no llore. No importa, nosotros cantamos para todo. No hay cumpleaños de mi mamá donde no se cante. Eso sí, en mi familia nadie baila, por lo que nunca pudimos ser completamente una familia hollywoodense. Y nací al principio de la década de los ochenta. Buena música se oía en las radios, pero a mí me cantaban cosas ya medio añejas. Cada noche me hacían dormir con "Los viejos estandartes" de los Cuatro Cuartos. Al ritmo de marcha mi mamá golpeaba mi pierna suavemente haciéndome domir, y cantando. Quizás desde ese entonces le tomé el cariño a ese grupo de "la nueva canción chilena" que para estos días sería como "la vieja nueva canción chilena". Pocos años más tarde me regalarían mi primer cassette: "Clásicos Nescafé de Los Cuatro Cuartos". Una maravilla. Hasta el día de hoy lo escuho (ya en CD, porque aquel cassette pasó a mejor vida...).
Y desde ese entonces yo ya me debatía entre decisiones musicales. Escuchaba Mazapán, Cepillín y como muy familia a la antigua, bailaba rondas con mis hermanas y jugaba al lobo feroz. El tocadiscos de 33 RPM (que destruí más de alguna vez con mis autitos) tocaba sin cesar los fines de semana y desde muy temprano el "voy a dar la vuelta al mundo montado en un burrito" o "el grillito serafín que todas las noches tocaba el violín". Lo más probable es que los niños de mi edad no escucharan esas canciones porque tengo hermanos mayores. Quizás todo el resto nació con Mazapán y uno que otro grupo infatil. Lo que es yo, escuchaba unos vinilos del Pájaro Loco, de Mickey Mouse y sus amigos y todo lo Disney que te pudieras imaginar. Hay canciones que aún recuerdo con la "repetición" del rayado del disco. En los veranos en Bahía Inglesa cantaba "Filo Contigo" de Miguelo y causaba sensación con mi baile. Excelentes recuerdos.

Así pasé mi infancia cantando. Agregué a mi colección la música de los "Pitufos" y libros de Disney que te los contaban en cassette. Era pura inocencia y no me avergüenzo de nada de lo que escuché, porque siento que fui un niño demasiado feliz. Agradezco a mi familia entera por ese legado musical que hasta el día de hoy me tiene atrapado.

Pasó el tiempo hasta la navidad de 1991 (casi seguro de eso) cuando me regalaron mi primera guitarra (una maravilla de guitarra). Se volvió mi centro de atención desde el primer momento. O desde el segundo siendo justos. Cuando uno es niño y no te regalan el juguete de moda o la pista Tyco con autos a gran velocidad, en realidad te decepciona un regalo así. Pero los padres son muy sabios, y ese regalo me cambió la vida para siempre.
Me costó mucho aprender a tocar. Estuve 6 meses en clases en el "Centro Musical Alicia Puccio" donde era el único hombre y puras niñitas. A esa edad estar con niñas era algo malo, ridículo. Me estaba perdiendo las pichangas en la calle y estaba sentado al lado de puras niñitas, tratando de tocar guitarra. "Pulgar Mano Mano, Pulgar Mano". A ese nivel no iba a aprender nunca lo que yo quería escuchar... Y es que en ese momento también me hicieron otro regalo que me marcó la vida. Mi primo me había regalado un cassette de Bon Jovi (el "Resbaladizo con Lluvia" o "Slippery When Wet"). Un clasicazo, con temones como "Never Say Goodbye", "You Give Love a Bad Name" o "Dead or Alive". ¿Cómo no iba a poder tocar Bon Jovi? ¿Por qué tenía que aprender a tocar "Que bonita va" en vez del sólo de Ritchie Sambora en "Living on a Prayer"?. No duré mucho en esas clases.
Pasé así escuchando a la vez Mazapán y Bon Jovi, lo que en realidad era una dualidad que pronto tendría que dejar. La niñez también iba desapareciendo, la inocencia, la simpleza... pero empezaba a encontrarle el gustillo a esta nueva música.

EL SOUNDTRACK DE MI VIDA

Soy un fanático de la música. No tengo recuerdos de mi vida sin música y creo que he escuchado de todo. Como todo buen fanático, tengo mis gustos bien definidos, pero de vez en cuando aparece algún placer culpable que me avergüenza un poco...
Al despertar, al tomar desayuno, al almorzar, en el auto, a la hora del té, estudiando, comiendo, sólo, con polola, sin polola, con amigos, sin amigos, convesando y hasta durmiendo. Siempre tengo una canción para cada momento. No necesariamente la estoy escuchando, pero siempre me estoy acordando de una canción. Aquí va el soundtrack de mi vida... ¿Cuál es tu soundtrack?